A mi personalmente las redes me cuestan un montón. No me cuesta escribir, lo he hecho siempre, me cuesta entender la importancia del lookl final de ti misma. La importancia de “lo que se ve” de ti misma. Muchas veces no lo veo, la mayoría; ni de mi ni de los demás. Es más, cuando veo que un portfolio muy resultón en su edición, o un blog muy chulo en sus herramientas y todas esta información (del continente) NO se equipara al trabajo mostrado (contenido) me enfado con el autor o autora. Me digo a mi misma: “no vale, no vale comprarte la mejor carpeta del mercado si luego tu obra no le llega ni al tobillo). Y entonces, me viene a la cabeza el pensamiento de que todo el mundo que se interesa por el arte o diseño sabe mirar y ver el trabajo bien hecho. Pero no es así.

Algunas veces si otras, no. Tenemos que recordar esa frase tan estadounidense de ” en cinco segundos tengo que ser capaz de visualizar tu producto”. Así que cuanto mas claro y menos ruido tenga, mejor.

Y así he pasado los años, muchos. Enseñando lo que hago a golpe y porrazo. Un poco bruta, la verdad. Supongo que un poco en animadversión a las personas que se preocupaban muchísimo mas de un buen look que de un  buen discurso.

Pero últimamente tengo mas tiempo para mi obra. Últimamente la pienso mas, y me preocupa más, como algo final que busca clientes y espectadores allí fuera, que como el resultado de un momento de creación, que no sé ni de dónde vino de a dónde va. (Esa parte de mi está empezando a quedarse lejos). Ahora hago bocetos durante días, buscando algo que quiero, repito y limpio mis dibujos hasta lograr un buen trazo, me obligo a buscar nuevos colores fuera de mi zona común… hago un esfuerzo por la obra, pienso más en ella, menos en mi. Creo.

¿Y, recapacito, no sería lo idóneo mostrar de una buena manera mi trabajo?. No se merece que yo la cuelgue en las redes así por así. Tanto esfuerzo para que luego le deje colgada en al mundo virtual a disposición de cualquiera fuera del alcance de cualquier poder reponedor: yo.

Me cuesta entender Instagram. ¿no era un ligar instantáneo? donde cada uno subía algo salvaje y sin edición? No, ya veo que no. Ahora es nuestro modo de publicitarnos, casi que de ser (uy qué peligro aquí). Y lo agradezco; no os creáis que no. Así a maripronto tengo un lugar por donde llegar al público, al espectador, sin tener que pasar por ciertos protocolos antiguos y obsoletos. ( Pagar, gustar a una galerista, gustarla personalmente, tener “lista de posibles” en tu entorno etc). Y lo agradezco. Ahora está en mis manos. Y gracias a ello conozco la obra de mucha gente,( no a la gente) obra que admiro y que compro día a día. Que han cambiado lentamente o están en ello, mis hábitos. De comida, de salud, de arte, de ropa etc.

Así que voy a aprovechar este lugar de nadie para mostrar lo que hago.

No siempre bien, pero aquí estamos. Ahora me he puesto a poner algunos de mis prints. Con nombre y todo. Antes estaban por allí, en el universo vacío de la red, sueltos. Sin mami que los cuide. Ahora les he puesto bonitos, les he puesto nombre. Primero empiezo por la fácil: Pinterest. Luego seguiré por Instagram. Y continuaré por mi web.

Intentando dar un equilibrio entre el continente y el contenido. ( Si me leyera mi profesora de análisis flipaba).

PS:¿Y qué os parece? de locos lo sé. Pero,¿a que nunca habíais imaginado tanto poder en nuestras manos? ya no hay excusas tipo es que no tengo oportunidad de enseñar lo que hago… es que soy de pueblo y quieren alguien internacional, es que soy internacional y quieren alguien de pueblo como mas genuino…jajajaj. NO me malinterpretéis, los intermediarios son necesarios para una buena selección de lo que se busque, de concretar, pero habíamos llegado a una selección corrompida e interesada en valores que nada tenían que ver con el trabajo de cada uno.

Dedicado a Isabel Martín Gil. Que me dió un bofetón en la cara en forma de soplido.